La estupidez produce felicidad


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     Una pintada que se podría calificar de nivel superior, como las salchichas Óscar Mayer. El mensaje es profundo y directo: ‘No más monos sabios, sólo estúpidos’ y, además, viene acompañado de un par de dibujos, tan malos que incluso el autor se ha visto forzado a aclarar que el garabato de la izquierda es una casa en un árbol. Me imagino al artista sacando pecho delante de sus amigos hasta que descubrió que ninguno sabía qué cojones era la chapuza de la izquierda. Al final, tras un debate de urgencia entre todos para buscar soluciones que pudieran aclarar tamaña obra de arte, se decidió que lo mejor era escribir explícitamente lo que era. Sin más. Así se evitaba más ambigüedad.

     Supongo que no era la intención del artista pero el mensaje me ha calado hondo. En primer lugar porque es un mensaje que podría firmar cualquier Gobierno democrático, institución con intereses económicos, corruptos, medios de comunicación o incluso dictadores del mundo. Cuanto menos formada sea una sociedad y sus ciudadanos, más fácil será hacer lo que se quiera con ellos. Eso me resulta bastante familiar y cercano. Tan sólo habría que añadir al diseño de arriba una enorme televisión último modelo dentro de la casita del árbol para que ayudara con la causa y limitase el pensamiento crítico de sus ocupantes. Una tele enorme, más incluso que la propia casa. Tener un techo sobre el que dormir está sobrevalorado, tener una tele gigantesca es vital. Siempre podemos lamer la pantalla si tenemos hambre.

     Otra lectura que se podría hacer al ver la pintada es que los ciudadanos a nivel mundial la toman al pie de la letra a la hora de decidir en las urnas quién les debe gobernar. Por eso normalmente gana las elecciones un ser de apariencia humana que es estúpido y que se dedica a soltar incoherencias y mentiras por su boca pero que bien podría vivir en un árbol rodeado de seres muchos más inteligentes que él: los monos.

La estupidez produce felicidad. O eso dicen. También produce incoherencia, injusticia, trabajo doble, grandes errores difícil de subsanar, docilidad y millones de videos graciosísimos de gente sufriendo accidentes, siendo coceados por burros o caballos o cayéndose en las más absurdas situaciones. Gracias Youtube.

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Comprar pintura o un rotulador permanente. O un spray. Elegir un lugar privilegiado dentro de tu población para que lo vea el mayor número de personas y sepan que te llamas así. Para gritar a los cuatro vientos tu bonito nombre. Una vez elegido el lugar apropiado (en este caso en el suelo), hacer el esfuerzo de agacharse para escribir y tomar el riesgo de que alguien te vea. Y tras todo eso, poner tu puto nombre mal no tiene perdón de Dios. No es el nombre de tu tío o de alguien que no conoces, es tu nombre. Lo has escrito y visto cien mil veces, supongo que la mitad de ellas mal porque una veces elegirás la ‘b’ y otras la ‘v’ de forma aleatoria así, por probabilidad, la mitad de las veces que has escrito tu nombre, la has cagao.

Me he acordado del cole, cuando el profe de turno te daba medio punto por poner tu nombre bien en el encabezamiento del examen. Este sujeto, sin duda, no llega ni al 0,5.

La suerte es que le ha tocado un nombre relativamente fácil y corto. Tiene el ‘problemilla’ de que lleva una ‘b’ por ahí en medio y eso siempre es difícil pero ¿qué habría pasado con un nombre más jodido?. Me encantaría saber su apellido. ¿Os imagináis un Valbuena, Iruretagoyena o Bellvís? ¿Cómo se las arreglaría para escribirlo? 

Los más valientes dirán que en los tiempos que corren, tan globalizados, es bueno adaptar tu nombre al mercado anglosajón.

 

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Brebaje por decreto


Siempre me ha fascinado ver cómo los eslóganes van cambiando, adaptándose a los tiempos y a las nuevas inquietudes/necesidades/gustos/aficiones del populacho. En esta pintada, curiosamente tomada en la ciudad que catapultó aquel famoso ‘agua para todos’ y lo puso en boca de todo el país, ha surgido esta variante, mucho más interesente debido a la gran necesidad innata del ser humano basada en beber mistela o cualquier sustancia alcohólica. Corre el rumor, además, de que en ciertas ciudades de la Región de Murcia hay más litros de mistela y anís del mono que de agua potable. El problema surge cuando abres un ojo un domingo cualquiera por la mañana con la boca como si hubieras chupado un zapato, buscas a tientas en la mesita un vaso de agua que mejore ese angustioso sabor a resaca infernal y, una vez dado un buen trago, darse cuenta, ya demasiado tarde, de que no era agua sino las sobras de mistela caliente (y tal vez con alguna colilla) del día anterior.

Mistela

Sentir Popular


 

Uno de los innumerables binomios que día a día nos encontramos en nuestra vida. Carne o pescado, blanco o negro, Barcelona o Real Madrid, fútbol o baloncesto, Spiderman o Batman, café o leche…

El autor seguro que  se hartó de ambas opciones tras años engañado y tomaduras de pelo, cogió algo de pintura, salió de casa, cruzó la calle y expresó lo que a día de hoy es un sentir popular. Además el artista lo hizo con una gran sonoridad y un gusto exquisito en la combianación de colores con el fondo salmón de la pared que usó como lienzo.