Pili la asesina


Sinceramente, esta secuencia de pintadas me ha desbordado. No sé ni por donde empezar. Al mismo tiempo estoy maravillado con semejante perlita.

Una cosa es agrandar un bulo, dejarlo crecer e incluso amamantarlo. Si es en una comunidad pequeña, en seguida llegará incluso a oídos de tus padres. Otra cosa es ser tan explícito como para llenar un muro con varias alusiones a Pili, comentarios que, todo hay que decirlo, se contradicen y dejan a la susodicha en una posición un poco delicada a los ojos de su familia y comunidad. Vamos por partes:

Primero de todo parece que a a la tal Pili le va la marcha, le da igual que sea su cuñado, el Papa o dos tipos a la vez. Es una apasionada del sexo. O eso podría parecer. Sin embargo, al final te das cuenta de que también le va el tema serio con las drogas. Y no estoy hablando de mariconadas. A Pili le va el tema serio.

Tras ojear unas cuantas veces las pintadas también vemos que, quizá, Pili sea una profesional: cambia cosas por sexo. Primero empieza con 50 euros, una cifra más que respetable pero después ¡sorpresa! ¿qué le hace ofrecer sus servicio por  una irrisoria papela de caballo? ¿Falta de clientes o dejadez de su cuerpo? ¿Envejeció y era todo a lo que aspiraba o estaba realmente enganchada? Eso nunca lo sabremos.

Otro factor que indica su profesionalidad y profesión es que Pilar controla perfectamente todas las artes amatorias, sin excepción. Lo misma practica el coita, que nos sorprende con una felación o, simplemente, se destapa con un tríos. Y no se corta ni aunque sus presas tengan pareja conocida. Asesina sí que es, y su arma favorita es el sable, que lo usa con destreza, como Uma Thurman en la peli Kill Bill.

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La loba


uloba

De la versión de ‘El lobo, que gran turrón‘ hemos pasado a ‘La loba, que gran zorrón‘. Los tiempos cambian y hay que adaptar los viejos eslóganes.

El hecho de terminar la pintada amenazadora con un doble insulto repetido me hace pensar que la artista estaba profundamente indignada o que tiene la denominada ‘memoria de pez’ que permite retener información en el cerebro por no más de tres o cuatro segundos. 

Segundo punto importante: Llama ‘loba’ a la otra contendiente. ¿Es un intento de insultar o es un mote, un nombre en clave?

En la pintada, justo al inicio, la artista hace sus pinitos como dibujante en lo que parece ser una cabeza de un animal. Podría ser cualquier animal aunque por el contexto supongo que intentó dibujar una cabeza de lobo/a. Parece de coña. Si haces una pintada amenazando a alguien y quieres acojonarlo, esa cabeza, que parece sacada de un dibujos animados japoneses, no intimida nada. Al contrario, produce risa.

Y para terminar, ¿Por qué está la palabra ‘loba’ tachada? Si te das por aludida, mejor borrar toda la pintada o el insulto (puta puta). Creo que si dejas lo de lo loba no pasa nada porque simplemente es un animal. 

A la buena de Michelle le va la marcha


La buena de Michelle.

Es un tipo de pintada muy común y vista a lo largo de nuestros años, la particularidad de ésta en concreto estriba en el idioma, inglés, así como el lugar donde fue captada, Nueva Zelanda, lo que nos confirma que en todos los países del mundo hay ciertos ‘graffitis-tipo’ que se repiten y éste seguramente sea uno de ellos.

La estructura es sencilla: nombre de alguien a quien quieres joder, su número de teléfono real y algún encabezamiento ofensivo que debe contener casi obligatoriamente alguna de las palabras follar, puta, zorra, guarra, maricón o algo por el estilo. El objetivo también está claro: tirar la piedra y esconder la mano, hacer daño de manera anónima y que el damnificado tampoco se entere de nada cuando alguien aburrido, un poco cabrón  y con crédito ilimitado en el móvil le de un toque a altas horas de la madrugada.

La pena de la pintada es no contar con el testimonio de Michelle para que nos de la versión de los hechos aunque si alguien se anima a preguntarle, ahí está el número…

Tanto tienes


Esta pintada nos muestra la fusión en lo que a graffitis se refiere. Como hizo en su dia Camarón con el flamenco, el autor ha mezclado con maestría un refrán milenario con un insulto y, todo ello apoyado por una palabra en inglés a la que se llega siguiendo una flecha. Además, la susodicha palabra en inglés le aporta modernidad y le otorgan veracidad al diseño porque significa ‘Verdad’. Si no la hubiera incluído, nadie le creería pero al hacerlo todos le creemos sin rechistar. No hacen falta más preguntas.