Hasta el infinito y más allá

Felix Baumgartner era un tipo normal hasta que un día, mientras paseaba a su perro de raza Schnauzer (bien podría ser también su segundo apellido) por el escampado de al lado de su casa vio una pintada que decidió rebatir haciendo algo tan sencillo como saltar desde la estratosfera, que para quien no lo sepa, no es una fruta tropical ¿A quién se le ocurre terminar tal graffiti con unos puntos suspensivos, como retando a la concurrencia? Para que luego digan que los vascos son cabezones…

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